domingo, 26 de febrero de 2012

PARA SABER COMO ES LA SOLEDAD (DE CRISTINA)



POR CARLOS  LA ROSA

En sus últimos tiempos, Néstor Kirchner no se cansó de advertir a Cristina Fernández que tuviera mucho cuidado con Daniel Scioli y con Hugo Moyano; es que uno tenía demasiados votos y el otro demasiados fierros. Entonces, por lógica política e histórica, alguna vez los usarían contra ella.Desde entonces ella no ha cesado en tratar de sacar el poder a los dos. 

Sin embargo, los que le están creando más problemas a Cristina no son aquellos a los que ésta quiere quitar el poder, sino aquellos a los que ella o su marido dieron poder. 

Los amigos de Néstor. Kirchner siempre supo que la Argentina estaba conducida por algo más que los políticos, que estos en su mayoría eran comisionistas, intermediarios, gestores de los capitalistas amigos de casi todos los gobiernos, desde la dictadura militar de 1976 en adelante. 

Pero Néstor era mucho más ambicioso que sus antecesores; no quería ser intermediario de nadie. A él nunca le cayó bien que capitalistas amigos, surgidos al calor de otros gobiernos, le ofrecieran alguna dádiva a cambio de seguir siendo los dueños del poder real dentro de un Estado colonizado por ellos. 

Néstor no quería ser un inquilino del poder sino su dueño, pero para eso tenía que limitar el poder de esos capitalistas. La solución que dio al problema no fue la de gestar un Estado sin capitalistas amigos sino la de crear sus propios capitalistas amigos, tan amigos del poder como los anteriores pero mucho más amigos de Néstor. 

Para eso se valió de la más caudalosa caja de subsidios que en décadas haya tenido cualquier presidente para devenir en el Rey Midas de choferes, cajeros de banco, quinieleros clandestinos y un montón de muertos de hambre que en menos que canta un gallo devinieron recontramillonarios. 

También supo ser generoso con algunos que ya se habían hecho ricos antes, como los Cirigliano, pero que en la escala del prestigio social eran segundones y por eso -para dejar de ser segundones- se convirtieron al credo kirchnerista. Fueron recibidos con la misma alegría con que este gobierno recibe a todos los conversos, llámense Schoklender, Boudou o Cirigliano, porque, como suele decir Cristina, lo importante no es donde estuvieron ayer sino donde están ahora. 

En sus frecuentes viajes en los aviones que le prestaban los Cirigliano, el ex-secretario de transportes, Ricardo Jaime, debió haber soñado ese glorioso día en que el presidente chino Hu Jintao, junto con los Kirchner y él, inauguraran el tren bala más grande del mundo, que seguro sería concesionado a los Cirigliano, dando fin a la decadencia ferroviaria nacional. Por ahora, a cuenta de ese venturoso porvenir, los Cirigliano seguirían gerenciando trenes suburbanos yJaime, viajando en sus aviones.

Mientras Néstor subsidiaba a sus capitalistas amigos y des-subsidiaba a los capitalistas amigos de otros gobiernos, Cristina explicaba que los subsidios otorgados no eran para enriquecer más a los nuevos ricos sino para que los pobres (aunque por allí se colara alguien no tan pobre) gozaran de subsidios en trenes, micros, agua, gas y electricidad al modo de un sobresueldo indirecto que les permitiera vivir un cachito mejor. El subsidio como redistribución del ingreso, Ése era el relato C de la práctica K.

Los amigos de Cristina. Néstor eligió a un menemista como vicepresidente, pero apenas asumió, éste intentó re-menemizar la política económica. Entonces lo hizo callar hasta que lo ubicó como gobernador de Buenos Aires, donde intentó re-menemizar al conurbano. Al menos eso creyeron Néstor y Cristina. 

A ella le eligió un vicepresidente radical, pero éste apenas entrevió una puertita volvió corriendo a la casita de los viejos. 

Para su segundo mandato Cristina reiteró el error de Néstor eligiendo a otro vicepresidente converso en vez de alguien del palo (se ve que debe haber muy pocos del palo). Pero esta vez Cristina agregó un toque distintivo con el cual creyó subsanar el error de Néstor: eligió al que supuso menos poder tenía entre todos los conversos, quien además sólo ocupaba su mente en guitarras, conciertos, motos, bellas damas y puertos maderos. Dedujo ella que al cheto perfumado no le quedaba más opción que ser leal, porque no era nadie sin ella y entonces no buscaría disputarle el poder como hizo Scioli ideológicamente o Cobos políticamente. 

Pero la erró peor que Néstor, porque en esto le faltó a Cristina un conocimiento básico de la naturaleza humana: que mientras más poder se da a quien no lo tiene, más poder cree éste tener. 

Para colmo, su elegido no sólo intentó disputarle el poder (a los suyos les dijo, antes de asumir, que se vayan preparando para Boudou 2015) sino de disfrutarlo desde ya mismo. Para que lo ayudaran en tal disfrute convocó a todos sus amigotes de juergas juveniles, unos encantadores marplatenses de ultraderecha en los 80, convertidos al ultraliberalismo en los 90 y ahora en revolucionarios que hasta proponían incluir marxismo en las facultades de Economía. 

Esta Armada Brancaleone de simpáticos bribones extraídos de las viejas comedias italianas, decidieron hacerse ricos convirtiendo el papel en oro. Así, en sus largas tertulias noctámbulas idearon un plan infalible: mientras Boudou -en tanto inexistente ministro de Economía, decía al pueblo que la inflación no existía, a sus amigos de juerga les decía lo contrario; que en realidad la inflación estaba y estaría vivita y coleando; que entonces el mejor de los negocios era dedicarse a confeccionar billetes y monedas, porque nada sería más necesario en los tiempos futuros. 

Negocio redondo, lástima que los muchachones marplatenses son de ese tipo de personas que cuando seducen a una dama, lo que más les gusta es contar su conquista a los demás que gozar discretamente de sus placeres. Entonces contaron a todos sobre el negocio redondo, y ahora que ya lo saben todos, el negocio dejó de ser redondo.

En soledad. Cristina hoy está en problemas, por partida triple. Aquellos que Néstor le advirtió le crearían problemas porque eran enemigos de ambos, como Moyano y Scioli, se los siguen creando.Pero también le arman líos todos los amigos de Néstor que ahora, liberados de su control, se creen dueños de lo que sólo eran testaferros.
 
Para colmo, los escándalos que le provocan los elegidos por ella misma, como su vice, no le van en saga, ya que éste no sólo se quiso quedar con el negocio de fabricar dinero sino que sus dos primeras decisiones como vice fueron la de duplicar el sueldo de los legisladores en medio del más duro ajuste económico de la era K y la de destruir su despacho senatorial para ponerse un jacuzzi y un gimnasio. Con amigos así nadie necesita enemigos.

A pesar de que el poder está cada vez más centralizado en la presidenta, en un sistema donde el aplauso a la emperatriz, el sícristinismo más acrítico y la adhesión obligada a un relato por parte de los que no creen en ningún relato, son las principales herramientas de ascenso, los cortesanos se han relajado y los testaferros se han liberado de todo control ylas consecuencias comienzan a verse.

Cristina lo sabe pero no sabe qué hacer. Con Máximo no alcanza, máxime cuando éste debe tener un problema similar al de su mamá con todos los que se le acercan para ver si pueden hacer fortuna cotizando su juventud en bolsa.
 
Y con Moreno tampoco, porque si es cierto lo que casi todos dicen, que el todopoderoso secretario es el único de los que rodean a Cristina al que le interesa más la política que el poder como disfrute, éste está en condiciones muy desiguales para librar cualquier batalla. 

Además, haber puesto a un modesto táctico con gran audacia pero con ideas más que antidiluvianas por encima de todos los ministros, del jefe de gabinete, del vicepresidente y de los capitalistas amigos de Néstor, habla más bien de un acto desesperado que de una decisión estratégica de la Presidenta.

En fin, como reiteramos en todas nuestras notas, quizá ella algún día deberá pensar que la centralización del poder sólo produce este tipo de criaturas, mientras que su redistribución en la sociedad real es la única opción posible a largo plazo; que el poder que se comparte es el único poder que crece, el único que puede evitar la soledad.
FUENTE LOS ANDES 26/02/2012

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